Advertencia: Leer este artículo puede causar severo trauma emocional, o la agonía de tu mascota favorita. Se recomienda precaución.
El póker es un juego sumamente interesante. Para el ojo inexperto pareciera ser un juego de azar en el que los participantes tienen poco o ningún control sobre el resultado de la partida. ¿Y por qué debería ser de otra forma? Al fin y al cabo los jugadores no eligen las cartas, lo único que pueden hacer es (dependiendo del estilo de juego) seleccionar las cartas a cambiar, decidir si desean continuar o retirarse, y el monto a apostar en cada fase del encuentro.
La realidad, por supuesto, es muy diferente. La suerte es uno de los aspectos más irrelevantes en el póker. Las partidas se ganan y se pierden utilizando psicología, “leyendo” las cartas de los rivales a través de sus expresiones corporales y faciales, y engañando a los oponentes para maximizar las ganancias en cada mano.
(respira)
Hace tiempo leí un artículo sobre cierta competencia automovilística en el que las regulaciones prácticamente disponían que todos los carros fueran iguales, pero los equipos se las ingeniaban para aumentar el rendimiento de los vehículos mediante incesante micro-optimización de hasta el más mínimo detalle posible permitido por las normas, como la presión de los cauchos, la mezcla de combustible, la inclinación de los deflectores laterales o el peso de los pilotos. Al final la diferencia entre los equipos buenos y los promedio era alrededor del 15%, que suena poco pero en una carrera terminaba siendo la diferencia entre ganar y perder.
Ya antes había hablado sobre la importancia de los detalles, específicamente en el contexto de la satisfacción de un usuario. Ahora lo que quiero destacar es la influencia de aspectos aparentemente inconexos en el resultado de una empresa. Uhm, ya va, perdí la idea. ¿De qué estaba hablando? Ah sí, ya recuerdo. Normalmente iniciamos una faena y pensamos en los grandes aspectos que determinarán el resultado. Si se trata de arrancar un negocio basado en la web, pensamos en la originalidad de la idea, en nuestra futura competencia, en cuánto dinero disponemos y si el banco nos prestará para apalancarnos en la primera fase, en cómo publicitaremos nuestro producto y atraeremos clientes, y muy importante, en dónde celebraremos la cena de navidad corporativa (respuesta: en el McDonald’s más cercano con la pareja y los niños si los hay.)
Es obvio que no existe una receta para el éxito (y si existe, es el secreto mejor guardado.) También es evidente que ciertos factores influyen más que otros en el cumplimiento de metas. Sabemos, por ejemplo, que la perseverancia es clave en toda empresa humana, sin importar su naturaleza. Lo interesante aquí, no obstante, es que muchas veces aquello que no es para nada evidente tiene un extraordinario peso en el resultado, a veces incluso siendo decisivo. En el popular juego de cartas se trata de mantener la famosa cara de póker, impasible, indescifrable, mientras se psicoanaliza al rival. En los negocios pequeños tal vez se trata de olvidarse de la competencia, de la originalidad y del capital inicial, y más bien concentrarse en solucionar un problema a “alguien” que puede convertirse en “muchos” en el futuro.
Cuando hay congestionamiento en la vía principal, los caminos alternos también nos pueden conducir a nuestro destino.
Por supuesto rara vez tengo idea de lo que escribo, así que tal vez todo esto ha sido ampliamente discutido y tal vez contradicho en el más mísero curso motivacional. Mi punto es que saliéndonos del camino establecido puede que sorpresivamente nos acerquemos más y más al logro de nuestros objetivos. Toma mucho tiempo y esfuerzo encontrar la mezcla que mejor funciona, pero tal vez continuar la persecución del sueño por la ruta alterna puede terminar convirtiéndose en la diferencia entre ganar y perder.
Siempre y cuando no olvidemos la pizza.




0 comments:
Post a Comment