Tuesday, August 19, 2008

Buen ingeniero, mal publicista

Juan y Pedro son dos compañeros de trabajo, ambos excelentes profesionales (Obviamente Juan y Pedro son nombres ficticios que utilizo para preservar la verdadera identidad de Alexis y Gustavo. Ehh, oops…). 

Juan es extremadamente introvertido. Llega todas las mañanas directo hasta su escritorio, se sienta sin mirar a los lados mientras emite una serie de murmullos ininteligibles como respuesta a los saludos, y de inmediato empieza a trabajar.

Pedro es un poco más comunicativo. Antes de coworkersdirigirse a su puesto se toma el tiempo para estrechar la mano de sus compañeros de trabajo. Sonríe más de lo necesario y recuerda el nombre de los hijos y sobrinos de doña Treme, así como el cumpleaños de la mascota de María Fresita.

Cuando llega la hora de ensuciarse las manos, nadie supera a Juan. Su productividad es insuperable, y sus complejas rutinas de chequeo de errores le permiten asegurarse de que sus entregables son de altísima calidad. Rara vez (esto es, casi nunca) recibe una llamada de algún usuario reportando un error. La tasa de falla de sus aplicativos es prácticamente nula.

Pedro, por otro lado, es más desordenado y a veces incluso olvida hacer pruebas después de cambios importantes, por lo que sus aplicaciones suelen fallar bad coworkerespectacularmente en producción. Pedro compensa esta debilidad actuando con firmeza cuando se presenta un error: Rápidamente diagnostica la situación, detecta el problema, crea una solución y la aplica. Asunto liquidado. En el transcurso de la crisis, se asegura que los afectados se enteren de lo que está haciendo, y al final envía una comunicación destacando que logró resolver el incidente en tiempo record.

A la hora de la verdad, ambos entregan resultados,  aunque con enfoques completamente diferentes. Si hago una encuesta, estoy casi seguro que la mayoría de gente preferiría tener a un Juan en su equipo. “Es mejor trabajar con alguien que evite la aparición de errores”, dirán, “a trabajar con alguien que nos hace saltar los nervios a cada rato, y perder cantidades de dinero por interrupción en las operaciones”. Bueno, tal vez no digan eso exactamente, pero así será la idea.

Sin embargo, cuando llega el momento de los aumentos y las promociones, no es difícil adivinar quién saldrá mejor parado. Los que toman las decisiones se preguntarán “¿Qué es exactamente lo que hace Juan?”, mientras que Pedro no tendrá problemas para resaltar sus aportes en el último período. Si bien él mismo ocasionó los problemas que luego resolvió.

show me the money

¿Injusto? Tal vez. Pero ese no es el punto. Lo importante aquí es que nuestro desempeño técnico es solo una parte de la faceta que presentamos en nuestro sitio de trabajo. Acumular méritos no significa nada si no nos damos a conocer. Ascender profesionalmente se convierte en una combinación de destrezas y concurso de popularidad.

Podemos oponernos rotundamente a esta filosofía, pero para bien o para mal esta es una realidad en gran parte de las empresas de nuestra región. Podemos luchar contra la corriente, por supuesto, pero mientras tanto Pedro continuará llevándose las palmadas.

¿Qué hacer? Simple. Haz las cosas bien, y asegúrate de que los demás se enteren. De otra forma, no te quejes si después nadie te toma en cuenta.

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