Monday, August 9, 2010
Un intento más de demostrar que P no es igual a NP
Thursday, July 29, 2010
Yuquiyú y Juracán
En los jardines botánicos de Canberra
Tuesday, April 6, 2010
Caminos verdes y po po po poker face
Advertencia: Leer este artículo puede causar severo trauma emocional, o la agonía de tu mascota favorita. Se recomienda precaución.
El póker es un juego sumamente interesante. Para el ojo inexperto pareciera ser un juego de azar en el que los participantes tienen poco o ningún control sobre el resultado de la partida. ¿Y por qué debería ser de otra forma? Al fin y al cabo los jugadores no eligen las cartas, lo único que pueden hacer es (dependiendo del estilo de juego) seleccionar las cartas a cambiar, decidir si desean continuar o retirarse, y el monto a apostar en cada fase del encuentro.
La realidad, por supuesto, es muy diferente. La suerte es uno de los aspectos más irrelevantes en el póker. Las partidas se ganan y se pierden utilizando psicología, “leyendo” las cartas de los rivales a través de sus expresiones corporales y faciales, y engañando a los oponentes para maximizar las ganancias en cada mano.
(respira)
Hace tiempo leí un artículo sobre cierta competencia automovilística en el que las regulaciones prácticamente disponían que todos los carros fueran iguales, pero los equipos se las ingeniaban para aumentar el rendimiento de los vehículos mediante incesante micro-optimización de hasta el más mínimo detalle posible permitido por las normas, como la presión de los cauchos, la mezcla de combustible, la inclinación de los deflectores laterales o el peso de los pilotos. Al final la diferencia entre los equipos buenos y los promedio era alrededor del 15%, que suena poco pero en una carrera terminaba siendo la diferencia entre ganar y perder.
Ya antes había hablado sobre la importancia de los detalles, específicamente en el contexto de la satisfacción de un usuario. Ahora lo que quiero destacar es la influencia de aspectos aparentemente inconexos en el resultado de una empresa. Uhm, ya va, perdí la idea. ¿De qué estaba hablando? Ah sí, ya recuerdo. Normalmente iniciamos una faena y pensamos en los grandes aspectos que determinarán el resultado. Si se trata de arrancar un negocio basado en la web, pensamos en la originalidad de la idea, en nuestra futura competencia, en cuánto dinero disponemos y si el banco nos prestará para apalancarnos en la primera fase, en cómo publicitaremos nuestro producto y atraeremos clientes, y muy importante, en dónde celebraremos la cena de navidad corporativa (respuesta: en el McDonald’s más cercano con la pareja y los niños si los hay.)
Es obvio que no existe una receta para el éxito (y si existe, es el secreto mejor guardado.) También es evidente que ciertos factores influyen más que otros en el cumplimiento de metas. Sabemos, por ejemplo, que la perseverancia es clave en toda empresa humana, sin importar su naturaleza. Lo interesante aquí, no obstante, es que muchas veces aquello que no es para nada evidente tiene un extraordinario peso en el resultado, a veces incluso siendo decisivo. En el popular juego de cartas se trata de mantener la famosa cara de póker, impasible, indescifrable, mientras se psicoanaliza al rival. En los negocios pequeños tal vez se trata de olvidarse de la competencia, de la originalidad y del capital inicial, y más bien concentrarse en solucionar un problema a “alguien” que puede convertirse en “muchos” en el futuro.
Cuando hay congestionamiento en la vía principal, los caminos alternos también nos pueden conducir a nuestro destino.
Por supuesto rara vez tengo idea de lo que escribo, así que tal vez todo esto ha sido ampliamente discutido y tal vez contradicho en el más mísero curso motivacional. Mi punto es que saliéndonos del camino establecido puede que sorpresivamente nos acerquemos más y más al logro de nuestros objetivos. Toma mucho tiempo y esfuerzo encontrar la mezcla que mejor funciona, pero tal vez continuar la persecución del sueño por la ruta alterna puede terminar convirtiéndose en la diferencia entre ganar y perder.
Siempre y cuando no olvidemos la pizza.
Monday, February 1, 2010
Removiendo telarañas
La verdad es que dudo que alguna vez escribiera o dijera algo útil o interesante; tal vez el Leonardo del 2008 tenía un concepto diferente de “utilidad” al que usa el Leonardo del 2010.
En fin, como ya he escrito suficientes majaderías y hasta el momento nada malo ha sucedido, no veo razón para no continuar. Además de que todos los años me siguen cobrando una cuota por conservar este sitio, y prefiero entonces mantenerlo ocupado y lleno de basura que desolado en el olvido.
Por el momento, espero que tengáis un bonito día. Utilizad la definición de “bonito” y de “día” que más os guste.
Sunday, August 24, 2008
Redescubriendo la Web: Bookmarklets
La mayoría de los internautas tiene alguna familiaridad con los favoritos o marcadores de internet o marcalibros (bookmarks en inglés) de los web browsers. Si no es tu caso, te recomiendo acudir a esta página. No está muy actualizada, pero igual los marcalibros no han cambiado mucho desde la prehistoria de internet.
Un concepto no tan conocido, sin embargo, es el de bookmarklets. De acuerdo a Wikipedia (advertencia: contenido geek adelante),
Un bookmarklet es un applet, un pequeño programa de computadora, almacenado como el URL de un marcalibro en un web browser o como un enlace en una página web. […]
Cuando se pulsa sobre él, el bookmarklet realiza alguna función entre una amplia variedad que incluye búsqueda de texto o extracción de datos. Usualmente el applet es un programa de JavaScript.
En pocas palabras, el bookmarklet (no sé cómo traducirlo al español, ¿tal vez marcalibrolet?) parece un marcalibro pero cuando lo pulsas no te lleva a otra página (o tal vez sí, depende de su función) sino que realiza alguna tarea sobre el sitio que estás visitando en ese momento.
Aunque simples, los bookmarklets son extremadamente útiles cuando se utilizan adecuadamente, y si pasas mucho tiempo navegando incluso mejorarán un poco tu productividad. Un bookmarklet, por ejemplo, te permite buscar un texto con la ayuda de Google en un sitio web que no incorpore alguna función nativa de búsqueda, como este por aquí.
Los bookmarklets podemos conseguirlos en sitios que han publicado múltiples posts sobre el tema (como lifehacker), o aquellos que se dedican explícitamente a agrupar este tipo de programas (como este increíblemente fastidioso de navegar).
Una vez ubicamos el bookmarklet que queremos utilizar, no debemos pulsar directamente sobre él. En vez de ello, Agregamos el enlace a los favoritos o marcalibros del web browser utilizando nuestro método predilecto. En Firefox, por ejemplo, puedes hacer click derecho sobre el enlace y seleccionar la opción “Bookmark This Link” o su equivalente:
A continuación seleccionas la ruta donde deseas guardar el bookmarklet:
Y eso es todo. Ahora tienes un nuevo marcalibro que al ser pulsado disparará la funcionalidad del bookmarklet.
Mi método particular para manejarlos consiste en crear una carpeta en la barra de vínculos del web browser (los más populares lo permiten) y arrastrar y soltar los enlaces dentro de esta carpeta:
De esta forma están siempre accesibles a un par de clicks de distancia sin importar en qué sitio me encuentre.
Ok, ahora mis bookmarklets favoritos, recopilados de fuentes varias ya enumeradas:
- [Google Site Search]: Sin duda el mejor de todos. Cuando lo activas aparece un cuadro de diálogo, y al pulsar OK se dispara una búsqueda de Google en el sitio actual con el texto que escribiste:
Si tienes algún texto seleccionado en la página, la búsqueda se realizará con ese texto y la ventana descrita no aparecerá. Si pulsas el botón con el cuadro de texto vacío se enumerarán todas las páginas del sitio indexadas por Google.
- [Wikipedia lookup]: Similar al anterior, solo que en vez de buscar en el sitio actual buscará en Wikipedia. Mucho más rápido que visitar la enciclopedia en línea y luego iniciar la búsqueda allí.
- Video all-in-one: Permite capturar videos en línea y descargarlos a tu computador (algo así como el paraíso para los amantes de YouTube). Para almacenar este ridículamente complejo bookmarklet, visita el sitio del autor.
- [Mobilize This]: Utiliza la herramienta de movilización de Google para desplegar un sitio web en una versión compatible con dispositivos móviles. útil para aquellas páginas que tardan una eternidad en cargar, cuando lo único que necesitamos es una información puntual.
- [Google Translate]: Utiliza el traductor de Google para traducir el sitio actual al idioma por defecto de la región.
- [Share on Facebook]: Permite publicar el enlace al sitio actual como un enlace compartido en Facebook. Para ser franco, no sabía que existía este bookmarklet, y probablemente no lo llegue a utilizar mucho. Pero tal vez a alguien le sirva.
- [Calculadora]: Ingresa una expresión aritmética simple y obtén el resultado de vuelta. Cuando estás navegando es más rápido que invocar la calculadora del sistema.
Si tienes un iPhone, aquí tienes una guía de bookmarklets que funcionan en ese teléfono (no los he probado en el iPod Touch).
Suficiente por hoy. A petición del público, he aquí otra foto más de un gato navegando en internet (según entiendo ahora existen sitios exclusivos para gatos). ¡Hasta la próxima!
And more animals.
Tuesday, August 19, 2008
Buen ingeniero, mal publicista
Juan y Pedro son dos compañeros de trabajo, ambos excelentes profesionales (Obviamente Juan y Pedro son nombres ficticios que utilizo para preservar la verdadera identidad de Alexis y Gustavo. Ehh, oops…).
Juan es extremadamente introvertido. Llega todas las mañanas directo hasta su escritorio, se sienta sin mirar a los lados mientras emite una serie de murmullos ininteligibles como respuesta a los saludos, y de inmediato empieza a trabajar.
Pedro es un poco más comunicativo. Antes de
dirigirse a su puesto se toma el tiempo para estrechar la mano de sus compañeros de trabajo. Sonríe más de lo necesario y recuerda el nombre de los hijos y sobrinos de doña Treme, así como el cumpleaños de la mascota de María Fresita.
Cuando llega la hora de ensuciarse las manos, nadie supera a Juan. Su productividad es insuperable, y sus complejas rutinas de chequeo de errores le permiten asegurarse de que sus entregables son de altísima calidad. Rara vez (esto es, casi nunca) recibe una llamada de algún usuario reportando un error. La tasa de falla de sus aplicativos es prácticamente nula.
Pedro, por otro lado, es más desordenado y a veces incluso olvida hacer pruebas después de cambios importantes, por lo que sus aplicaciones suelen fallar
espectacularmente en producción. Pedro compensa esta debilidad actuando con firmeza cuando se presenta un error: Rápidamente diagnostica la situación, detecta el problema, crea una solución y la aplica. Asunto liquidado. En el transcurso de la crisis, se asegura que los afectados se enteren de lo que está haciendo, y al final envía una comunicación destacando que logró resolver el incidente en tiempo record.
A la hora de la verdad, ambos entregan resultados, aunque con enfoques completamente diferentes. Si hago una encuesta, estoy casi seguro que la mayoría de gente preferiría tener a un Juan en su equipo. “Es mejor trabajar con alguien que evite la aparición de errores”, dirán, “a trabajar con alguien que nos hace saltar los nervios a cada rato, y perder cantidades de dinero por interrupción en las operaciones”. Bueno, tal vez no digan eso exactamente, pero así será la idea.
Sin embargo, cuando llega el momento de los aumentos y las promociones, no es difícil adivinar quién saldrá mejor parado. Los que toman las decisiones se preguntarán “¿Qué es exactamente lo que hace Juan?”, mientras que Pedro no tendrá problemas para resaltar sus aportes en el último período. Si bien él mismo ocasionó los problemas que luego resolvió.
¿Injusto? Tal vez. Pero ese no es el punto. Lo importante aquí es que nuestro desempeño técnico es solo una parte de la faceta que presentamos en nuestro sitio de trabajo. Acumular méritos no significa nada si no nos damos a conocer. Ascender profesionalmente se convierte en una combinación de destrezas y concurso de popularidad.
Podemos oponernos rotundamente a esta filosofía, pero para bien o para mal esta es una realidad en gran parte de las empresas de nuestra región. Podemos luchar contra la corriente, por supuesto, pero mientras tanto Pedro continuará llevándose las palmadas.
¿Qué hacer? Simple. Haz las cosas bien, y asegúrate de que los demás se enteren. De otra forma, no te quejes si después nadie te toma en cuenta.




















